Falso amigo nº 29: empress (inglés) ≠ empresa (español)

empress (inglés) ≠empresa (español)

La carta número III de los arcanos mayores del tarot de White se llama “The Empress“. Simboliza la fecundidad y el poder femenino; el matrimonio, la fertilidad. Valores que se asocian a esta carta son la abundancia, la salud, la sexualidad, la naturaleza… Por si aún está dudando alguno, empress no significa empresa, sino emperatriz.

En los últimos días de la Roma monárquica, un pariente del rey Tarquino el Soberbio violó a Lucrecia, una patricia romana. Ella se presentó ante su familia, relató los hechos, y, muy patricia ella, se apuñaló en el pecho y murió. Sus parientes mataron al último rey romano, instauraron la República y, desde entonces, la palabra rex fue tabú en Roma. Como los reyes ya no tenían cabida, se inventaron los emperadores. Imperare en latín significaba mandar y al que más mandaba en la última época romana se lo acabó llamando imperator. En la Edad Media el término paso al francés como emperere y a su forma femenina se llamó emperese. De ahí la empress inglesa. Nuestra emperatriz proviene directamente de imperatrix latina. También se puede decir emperadora, pero no queda tan bonito.

Si empress venía del francés, la palabra empresa nos llega del italiano impresa, que es el participio pasado de imprendere. La empresa, en el mundo caballeresco, era la representación de algún principio vital, una sentencia o un proyecto que se emprendía. Un mensaje, más o menos críptico, que por medio de colores, figuras y palabras, se colocaban sobre escudos de armas, pendones y gallardetes y acababan simbolizando a quien lo portaba. En la época de los Descubrimientos, las empresas hacían referencia a aventuras arriesgadas relacionadas con los viajes y las conquistas de nuevas tierras. Con el paso del tiempo, el elemento militar fue sustituido poco a poco por el comercial. El elemento riesgo sigue vigente.

Las empresas de los escudos de la Baja Edad Media se pueden equipara a los logotipos de hoy en día. En la imagen he pretendido unir la imagen de una emperatriz (empress) con un ramillete de logotipos de empresas actuales impresos en su vestimenta. Si la emperatriz simboliza el poder político las empresas simbolizan el económico. Ambas hacen uso, con afán propagandístico, del poder de la imagen. A través de la imagen las empresas nos transmiten más de lo que ellas quisieran. Algunos logotipos nos pueden provocar admiración, otros rechazo y alguno nos revolverá el estómago. La emperatriz que he imaginado es atemporal. Hace tiempo que no hay emperatrices en Europa. La única mujer actual que se puede llamar empress es Michiko (¿a que suena a falso amigo?), la emperatriz del Japón, pero no me parecía una imagen “potente”. Podía haber escogido la imagen de alguna “imperatrix de facto” europea. La imagen habría salido “potente” pero quizá no tan estilizada.

Y, como con los logotipos de empresas, a algunos les habría provocado admiración, a otros rechazo y a alguno les habría revuelto el estómago.

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